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La ciudad, que ha tenido entre sus nombres los de Mastia, Kart-Hadast, Karchedon-Nea, Kaine-Polis, Carthago-Nova, Kartad-Tema, además del actual, guarda en sí misma una historia milenaria que la singulariza dentro del enclave mediterráneo español.

Tradicionalmente se sitúan las primeras noticias de Cartagena como núcleo de población en el siglo VI a.c. , aunque se considera que la comarca estuvo habitada desde la prehistoria. Su puerto contaba ya con fama indiscutible en el siglo IV a.c. , y tanto fenicios como griegos lo tenían incluido en sus rutas comerciales.

Los cartagineses convirtieron Cartagena en su base de operaciones dentro de la península Ibérica, hablándose a partir de aquí, siglo III a. c. , de una segunda fundación de la ciudad por Asdrúbal.

La ciudad tomó el nombre de Cartago, realmente Qart-Hadast (ciudad nueva o nueva capital). Los griegos interpretaron este vocablo como Karchedon o Karchadonion, pronunciado popularmente como Qarthado o Carthago, que fue la forma que prevaleció en los latinos.

Escipión, en el 209 a.c. , en plena ofensiva contra los Cartagineses, toma la ciudad, que a partir de entonces se convierte en un bastión para el dominio romano de la Península.

Con el nombre de Cartago-Nova, la población aumenta extraordinariamente su importancia, construyéndose edificios característicos de las grandes ciudades romanas. De todo esto sólo ha quedado algún vestigio, sobre todo debido a la turbulenta historia que siguió a la caída del Imperio Romano, hasta llegar a la total destrucción provocada por la reconquista de Cartagena, llevada a cabo por el Rey visigodo Sisebuto, ocurrida hacia el año 615.

El puerto de la ciudad, magnifico, siguió usándose durante la época musulmana, poblándose nuevamente Cartagena poco a poco. A raíz de la conquista por la Corona de Castilla, en tiempos de Fernando III El Santo, a la que siguieron tiempos muy difíciles, la ciudad vuelve a decaer, hasta la llegada del s. XVI, durante la cual la expansión económica y política de España y Europa hace posible el despegue de Cartagena, a pesar de la constante y peligrosa amenaza de los corsarios.

Transcurrido el periodo de mediados de s. XVII, en el que la crisis económica y las epidemias arruinan la ciudad, se reanuda la importancia de Cartagena en el s. XVIII, construyéndose el Arsenal, fortificación de puerto y la ciudad y otra serie de edificaciones militares, testimonios aún visibles; que demuestran la importancia militar y portuaria de la ciudad.

Ya en el s. XIX, la minería saca a la ciudad del estancamiento en que se encontraba tras la Guerra de la Independencia. La riqueza que genera este sector, de rápido auge, da lugar al florecimiento del estilo modernista de Cartagena, protagonista de las calles más céntricas de la ciudad.

Las particulares situaciones políticas de la centuria culminan en la revolución Cantonal de 1.873, en la que Cartagena se queda sola frente al Gobierno Central sufriendo un devastador bombardeo.

En el s. XX, tras un nuevo estancamiento a raíz de la crisis de la minería y las más importantes secuelas de la Guerra Civil y la Post-Guerra, la ciudad no resurgirá, plenamente, hasta 1.949 con la creación del complejo industrial del Valle de Escombreras.